Salvador Perez

PREMONICIONES FLORALES

En Florentina Pérez y en el discurrir contagioso de su pintura, de su vena artística hay tres claras premoniciones, tres gritos en el pretérito que llegan al presente: nombre, Bonnín y patios canarios.

Florentina, flor, nombre de la pintora que anuncia la llegada de su quehacer más querido, su casi maravillosa exclusividad: las flores, esos aditamentos que hacen más bella la tierra de la Tierra.

Después otra premonición: en su calle de nacimiento, El Vínculo, en la verde Guancha, muy cerca de su casa un pintor de renombre, acuarelista consumado, maestro de maestros, el eterno Francisco Bonnín, pintó muchas veces. Decía la periodista Violeta Alicia, en un artículo en 1957, que el pueblo norteño "era rincón típico de las acuarelas de Bonnín, que un día, emocionado, cayó de rodillas en un patio de La Guancha, y pidió a Dios un año más para pintar".

Y la última premonición: esas flores de patios canarios, tinerfeños (" las matas", en lenguaje campesino), tan conocidas por la artista por familiaridad y vecindad y que fueron su banco de pruebas y hoy su rampa de lanzamiento.

En sus cuadros flores, flores, flores. Variedad de flores: vivas, cercanas, ¡naturales!. Amplio muestrario floral, escaparate de colores, casi olores perceptibles, frescura en los trazos, desde el reventón, fanfarrón geranio, el tímido pensamiento, la humilde margarita, la exultante rosa, las exuberantes buganvillas, la alta presencia del alto tajinaste, las enraizadas retamas blancas de nieves invernales, las multicolores dalias, los inesperados hibiscos, la modesta flor del higo pico... Flores y más flores. Jardín floral e la paleta precisa, en la preciosa mezcla de colores, en la armonía de las formas, en el calidoscopio de sensaciones.

Pero sería poco – aunque sea mucho- las flores. También en Florentina Pérez el paisaje es salida y entrada, pauta y meta, afán de conocer los muchos caminos de la poca isla, descubrir los mil y un rincones de una tierra donde el sol, en pincel de artista, parece alumbrar por vez primera.

Pero en todo este conglomerado el trabajo continuo, la superación a golpe de horas y días, no ha sido un milagro sino la confirmación del esfuerzo, la senda abierta para un camino que todavía tendrá montañas que subir, rincones por escudriñar caballete en ristre, ojos abiertos al paisaje, retinas para captar la luz, esperanzas por alcanzar, éxitos por lograr pero que ya merecen – en la presencia viva de una nueva exposición- nota para alumna aventajada, futuro que se abre, como los pétalos de sus muchas rosas, luminoso y radiante, sol en ningún ocaso, amanecer esplendoroso y brillante para una artista que hace causa común con el arte, su arte.

Salvador Pérez

Profesor, periodista y escritor

Salvador Pérez

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